Bernardo O´Higgins

Monumento Bernardo O`Higgins

El Secreto Mejor Guardado de la Plaza de Rancagua: La Increíble Odisea del Monumento a O’Higgins

¿Sabías que una de las esculturas más emblemáticas de Rancagua pasó años escondida en cajones y bajo lonas antes de ver la luz? Su historia es un fascinante viaje en el tiempo lleno de contratiempos, arte europeo y secretos urbanos que transformaron el corazón de la ciudad.

Un tesoro guardado en seis cajones

Todo comenzó a finales de noviembre de 1911. Tras una importante inversión de 21.000 francos, llegaron a Rancagua seis enormes cajas procedentes de Europa. En su interior viajaban, pieza por pieza, los elementos del futuro Monumento a Bernardo O’Higgins. Sin embargo, el gran desafío apenas comenzaba: levantar el majestuoso pedestal que sostendría la obra.

Mármol de Carrara y un inicio accidentado

Una comisión de destacados vecinos locales encargó la base al contratista Roberto Negri por 13.000 pesos de la época. El diseño prometía ser espectacular, combinando cemento armado con lujosas planchas de mármol de Carrara y cuatro bajorrelieves que narrarían hitos de la historia nacional. Pero las cosas no salieron como se esperaba. Los materiales fallaron, el cemento se desmoronaba y el proyecto se detuvo drásticamente entre disputas técnicas y cajones que quedaron arrinconados durante meses junto a la casa parroquial.

Renacimiento y el misterio de la «inmunda carpa»

Para salvar la obra, la comisión contrató al constructor Santiago Ceppi en 1913. Con un trabajo impecable, el pedestal fue finalizado con éxito y la estatua se ensambló por fin en la plaza. Sin embargo, para sorpresa de los habitantes, el monumento ya terminado fue cubierto por completo con una lona que la prensa local no dudó en catalogar como una «inmunda carpa». Bajo ese misterioso velo, el monumento esperó pacientemente mientras la plaza se renovaba con hermosos jardines, nuevos faroles y un quiosco para bandas musicales.

La gran inauguración: Un legado imperecedero

Tras dos años oculta en cajas y más de un año tapada por la carpa, la emblemática escultura se inauguró oficialmente el 2 de octubre de 1914. Hoy, al pasear por la Plaza de Armas de Rancagua, contemplar este monumento es mucho más que ver bronce y mármol; es revivir una joya patrimonial que superó mil dificultades para convertirse en el orgullo de la ciudad.Fragmento de Patricio Díaz Gonzalez Caballero O`Higginiano de Rancagua

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